Dependencia emocional

La necesidad de vincularse con otros, es inherente a la condición humana y necesaria para nuestro desarrollo. Además, nadie es absolutamente independiente.

De-pender etimológicamente es “colgar de”. Se trata entonces de una relación asimétrica en la sólo uno depende.

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¿Cuándo esta dependencia se convierte en patológica?

Cuando aquello de lo que dependemos, en lugar de darnos vida, parece ir en contra de nuestra propia vida: puede ser una sustancia, de una persona…

La dependencia emocional se basa en la creencia de que a otra persona tiene algo que yo necesito y se experimenta como una forma de prisión psíquica. Genera hostilidad, sentimientos de debilidad, baja autoestima o culpa.

Puede producirse en relaciones familiares, con padres, hijos o hermanos, o en “relaciones amorosas”.

Estas últimas parecen perfectas durante un tiempo en que nos sentimos plenos y nos parece haber encontrado a alguien especial. Pero antes o después surge “el drama”: la sensación de no ser suficientemente amado o de sentirse agobiado y la tendencia a culpar al otro de la insatisfacción propia. Se producen entonces ciclos de “amor/odio”. La hostilidad se presenta cada vez con mayor intensidad y va ocupando cada vez más espacio en la relación.

Normalmente se produce un “reparto de papeles” en el que alguien se instala como “dominante”, quedando el otro como “dominado” pudiendo llegar a extremos dañinos para ambos. A veces a organizarse relaciones verdaderamente adictivas.

Cuando asoma la “locura” en la relación quiere decir que están saliendo a la luz lo que era inconsciente.

¿Cómo salir de esta situación? Asumiendo que el único sufrimiento posible, no proviene de lo que hace otro sino que se debe a mi propia vivencia/interpretación de lo ocurre. Reconociendo que la responsabilidad de ser feliz, es personal e intransferible y que todo lo que necesitamos para sentirnos bien, ya está dentro de nosotros. Sólo tenemos que despejar algunos obstáculos (por ejemplo la creencia de que alguien o algo es imprescindible en nuestra vida) para experimentar el bienestar.

Muchas veces se cambia de pareja creyendo que con otra será diferente, cuando realmente es una huida de resolver nuestra propia locura.

Esta transformación está al alcance de cualquier persona, siempre que lo quiera realmente y que se ponga a trabajar en esa dirección. A veces, la ayuda de alguien que haya transitado por este proceso, nos marca el camino para fortalecernos y responsabilizarnos de nuestra vida.

Sólo podremos sentirnos bien con los demás en la medida en que nos sintamos bien con nosotros mismos. Ese es el único cambio real. Y cuando esto se produce, lo de alrededor cambia naturalmente, sin dramas.